MI VOZ TAMBIÉN NECESITA QUE LA MIME

 

La disfonía no será reconocida como una enfermedad profesional hasta el 2006, con la entrada en vigor del Real Decreto 1299/2006. Las actividades laborales específicamente referidas en este RD son docentes, artistas  y cantantes; profesiones en las que el trabajador está expuesto a un uso mantenido de la voz.

 

No obstante, todos y cada uno de nosotros nos exponemos sin saberlo, a padecer este trastorno. Y es que, estudios revelan que siete de cada diez casos de disfonía, se deben a sobreesfuerzos y malos hábitos al hablar, es por ello que su prevención es asunto de interés y necesidad hoy en día.  

 

Incluir en nuestra rutina diaria ciertos hábitos de higiene vocal, nos proporcionará resultados positivos que compensarán con creces el esfuerzo que requiere cuidar de nuestra voz.

 

La frase hecha “más vale prevenir que curar” está a la orden del día y es que, en no abusar de la voz, no exigirle más de lo que lo haríamos con el resto del cuerpo se encuentra la clave. La voz también se fatiga, por lo que, es importante evitar gritar, susurrar o seguir hablando cuando notemos la voz tensa. No hacer frases más largas que el ciclo respiratorio es especialmente importante ya que, hablar con el aire residual de los pulmones exige un gran esfuerzo glótico.

 

Por otro lado, mantener una buena higiene alimentaria es fundamental. Compartimos nuestra laringe con el aparato digestivo, por lo tanto, aunque no existen alimentos específicos que dañen la voz, ésta puede verse afectada por el reflujo o una mala digestión. Así mismo, debemos evitar la ingesta de alimentos  muy fríos o muy calientes y tener máximo cuidado  con los cambios bruscos de ambiente (calefacción, aire acondicionado); las temperaturas extremas afectan notablemente a la voz.

 

De igual modo, debemos ser especialmente cuidadosos ante situaciones de catarros. Cuando estamos resfriados, el riesgo de sufrir una disfonía se incrementa notablemente. Es por eso que debemos evitar a toda costa toser, carraspear y contrariamente a lo que se pueda pensar, ingerir caramelos u otras sustancias derivadas del mentol y eucalipto, que aunque calman y producen una sensación refrescante primeramente, tienen un efecto rebote de irritación y sequedad  que  aumenta la secreción de moco y provoca el carraspeo.  La mejor solución siempre es mantener los pies secos y calientes y sobre todo beber agua con frecuencia. Es muy importante mantener una buena hidratación.

 

Así mismo, debemos evitar los agentes irritantes como el tabaco (aumenta las secreciones bronquiales), el alcohol (tiene un efecto inmediato de desinhibición psicológica y además provoca inestabilidad y pérdida de potencia de voz), y los aerosoles y ambientadores (dañan las vías respiratorias y pueden provocar alergias).

Finalmente, si somos conscientes de que vamos a realizar un uso sostenido de la voz, un factor preventivo de suma importancia es realizar un calentamiento vocal previo.

 

No debemos olvidar que la prevención es la medida más eficaz y que la voz no es diferente a cualquier otra parte de nuestro cuerpo. Por ello, debemos reducir al máximo las situaciones de agotamiento nervioso, falta de sueño y estrés. Buscar momentos para la relajación  sobre todo de hombros, cuello, laringe y cara y mantener una postura corporal correcta. En definitiva, hacer todo lo posible por mantener un estilo de vida y un entorno saludable y es que la voz es sana, en un cuerpo sano.

 

No obstante,  debemos estar atentos a los indicios que nos alertan de un posible trastorno de la voz, como son, el sentir sequedad o picor en la boca y/o garganta, tener punzadas y /o ardor, sentir molestias al tragar, notar un bulto o algo extraño, carraspear o toser con frecuencia, sentir que nos falta el aire al hablar, emitir “gallos”, perder la voz momentáneamente, tener mucha tensión en el cuello o padecer faringitis con frecuencia; en cuyo caso, es conveniente acudir a un profesional lo antes posible.

 

Nº de registro sanitario:

C-32-000776

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